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21 июля 2026, 23:27A Huygens le encantaba que la visión copernicana de la Tierra como planeta en movimiento alrededor del Sol fuese ampliamente compartida por la gente común de Holanda. De hecho, decía, Copémico era aceptado por todos los astrónomos excepto por los que eran algo torpes o estaban sometidos a las supersticiones impuestas por autoridades meramente humanas. En la Edad Media, los filósofos cristianos solían decir con gusto que los cielos difícilmente podían ser infinitos puesto que daban una vuelta a la tierra cada día, por lo tanto un número infinito de mundos, o incluso un gran número de ellos (o incluso otro mundo más), era algo imposible. El descubrimiento de que la Tierra gira en lugar de moverse el cielo tiene ¡aplicaciones importantes para la unicidad de la Tierra y la posibilidad de vida en otros lugares. Copémico mantenía que no sólo el sistema solar, sino el universo entero era heliocéntrico, y Kepler negaba que las estrellas tuvieran sistemas planetarios. La primera persona que atinó explícitamente la idea de un gran número de hecho un número infinito de otros mundos en órbita alrededor de otros soles, parece haber sido Giordano Bruno. Pero otros pensaron que la pluralidad de mundos se seguía inmediatamente de las ideas de Copérnico y de Keples y quedaron horrorizados. A principios del siglo diecisiete, Robert Merton dijo que la hipótesis heliocéntrica 'implicaba una multitud de otros sistemas planetarios, y que éste era un argumento de los llamados de reducción al absurdo (apéndice l), que demostraba el error de una suposición inicial. Su argumento, que en cierto modo pudo haber parecido mordaz, acaba así:
Si el firmamento es de tan incomparable magnitud, como le atribuyen esos gigantes cooperaciones… tan vasto y lleno de i
Pero la Tierra se mueve. Merton, si hoy viviese, estaría obligado a deducir mundos infinitos, habitables. Huygens no se acobardó por esa conclusión, él la aceptó alegremente: a través del mar del espacio, las estrellas son otros soles. Huygens razonó por analogía con nuestro sistema solar que aquellas estrellas tendrían sus propios sistemas planetarios, y que muchos de esos planetas podían estar habitados: Si sólo concediésemos a los planetas vastos desiertos… y les privásemos de todas aquellas criaturas que pregonan del modo más claro su arquitectura divina, los pondríamos debajo de la Tierra en belleza y dignidad, lo cual es muy poco razonable. 8
Estas ideas se exponen en un libro extraordinario que lleva el triunfante título de Los mundos celestiales descubiertos: Conjeturas relativas a los habitantes, plantas y producciones de los mundos en los planetas. Compuesto poco tiempo antes de la muerte de Huygens en 1690, la obra fue admirada por muchas personas, entre ellas Pedro el Grande, que la hizo publicar en Rusia como el primer producto de la ciencia occidental. El libro trata en gran parte de la naturaleza o los ambientes de los planetas. Hay una de las láminas de la primera edición, primorosamente impresa, en la que se ve, a escala, el Sol y los planetas gigantes Júpiter y Saturno. Son, en comparación, bastante pequeños. También hay un grabado de Saturno al lado de la Tierra: nuestro planeta es un círculo diminuto.
Huygens pensó que los ambientes y los habitantes de otros planetas eran bastante parecidos a los terráqueos del siglo diecisiete. Imaginó planetarianos cuyos cuerpos enteros y cada parte de ellos pueden ser bastante distintos y diferentes de nosotros… Es una opinión muy ridícula… afirmar que es imposible que un alma racional pueda morar en otra forma distinta de la nuestra. En definitiva, uno puede ser listo aunque parezca extraño. Pero luego Huygens seguía argumentando que tampoco podían ser muy extraños, que debían tener manos y pies, y caminar derechos, que tendrían escritura y geometría, y que Júpiter tiene sus cuatro satélites galileanos para ayudar en la navegación por los océanos jovianos.
Huygens era por supuesto un ciudadano de su tiempo. ¿Quién de nosotros no lo es? Llamaba a la ciencia su religión, y luego afirmaba que los planetas debían estar habitados porque de lo contrario Dios hubiera hecho las cosas por nada. Como vivió antes de Darwin, sus especulaciones sobre la vida extraterrestre resultan inocentes en la perspectiva evolutiva. Pero basándose en observaciones consiguió desarrollar algo parecido a las perspectivas cósmicas modernas: Qué maravillosa y asombrosa perspectiva tenemos aquí de la inmensidad del universo… ¡Tantos soles, tantas tierras… y cada una de ellas provista con tantos animales, plantas y árboles, adornadas con tantas montañas, y mares!… ¡Y cómo debe crecer nuestro asombro y admiración cuando consideramos la distancia y la multitud prodigiosa de estrellas!
La nave espacial Voyager es el descendiente lineal de aquellos viajes navales de exploración, y de la tradición científica y especulativa de Christiaan Huygens. Los Voyager son carabelas que navegan hacia las estrellas, y que en su camino van explorando aquellos mundos que Huygens conocía y amaba tanto.
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